
Río, su carnaval, sus playas, su sol y… sus pobres. Mientras algunos turistas se relajan sobre la arena caliente, otros escogieron un modo muy diferente de disfrutar de su estancia: visitan favelas, es decir los barrios de chabolas brasileños. Desde una decena de años, el turismo de la pobreza, rebautizado “poorism”, esta en auge. “Cada año, la cantidad de clientes aumenta un 15 %” asegura Marcelo Armstrong, fundador de la agencia Favela Tour que organiza tours en los barrios. “Son mayoritariamente ingleses, estadounidenses y escandinavos. Muchos franceses también. Y a pesar de la crisis, este año será positivo para nosotros”. Este tipo de empresa florece en todos los rincones del mundo. En África del Sur, proponen pasear en Soweto, una de las regiones más pobres del país. En la India, uno puede pasar algunas horas con los niños de las calles de Nueva Delhi.
“La guía estaba tensa”
“El turismo, desde hace tiempo, ni siquiera es una historia de geografía, sino de distancia social” explica Rachid Amirou, sociólogo del turismo, autor de Lo imaginario del turismo cultural (1). “Fuimos a ver a menudo a poblaciones a las que definíamos como ‘autenticas’, lo que generalmente quiere decir ‘pobres’. Esto permite, inconscientemente, que uno verifique su situación de dominación económica. La novedad hoy, es que se convierte en una actividad lucrativa.”
Ganar dinero sacando provecho de los pobres, esto es lo que molesta. “Indecente”, “voyeurista”, son algunos de los calificativos empleados por los detractores del “poorism”. En los foros en línea se desarrolla un debate furioso. Se habla de “curiosidad morbosa”, se reprocha a los turistas comportarse como en un zoológico, buscando escalofríos y volviendo al país diciendo “¡lo hice!”. Sin consideración alguna de aquellas personas sin recursos, a pesar de las migajas distribuidas por las agencias de viajes.
“¡Es superficial y reductor decir esto!”, lamenta Marcelo Armstrong, acostumbrado a estas acusaciones. “Las personas que critican jamás participaron en este tipo de visita.”
Bart (quien prefiere permanecer en el anonimato), 38 años, tuvo la oportunidad de viajar con Favela Tour el último verano. “Mi preocupación era saber si íbamos a pasear como en un zoológico. Pero me tranquilicé cuando vi que se trataba solo de un microbus, con ocho personas y que el chófer venía de la favela." Al elegir esta visita, aceptó ver la realidad brasileña de muy cerca. “Esto no tenía nada de una puesta en escena. La guía estaba tensa, nos decía no hacer ciertas fotos, en particular las motocicletas que pertenecían a traficantes.”
La agencia, garantía moral
Más allá de la visita misma, los turistas a menudo reivindican un aspecto “solidario”. “El gobierno intenta minimizar la importancia de las favelas”, afirma Bart. “Hablando de lo que vimos, damos a conocer esta realidad.” Bart publica sus fotos e impresiones en Internet.
A fin de asociar la solidaridad a su imagen, Favela Tour, como la inmensa mayoría de estas agencias, se involucra en proyectos sociales y financia una escuela. “La población entiende y acepta nuestro papel social”, afirma Marcelo Armstrong.
El sociólogo Rachid Amirou se muestra más reservado. “La agencia es una garantía moral: ‘¡No se preocupe de las cuestiones éticas, nos ocupamos de todo!’ Es un modo hábil de disculpar y de deresponsabilizar a la gente.” Y funciona. “Los turistas se van con el vago sentimiento de bondad. Pero cuando se analiza, detrás no hay nada. Si esta forma de turismo no se lleva a cabo con una reflexión, es efectivamente voyeurismo.”
Es más, parte del dinero acaba en los bolsillos de los traficantes. Un paso obligado para andar en las favelas.
Efectos nefastos
La vida local puede estar bastante trastornada por este nuevo turismo. "Las agencias hacen negocio con algunas personas que, a final de cuentas, ganan mucho dinero", subraya al especialista del turismo. "Viendo esto, otros abandonan sus actividades para volverse hacia el turismo. Llegamos con buenas intenciones, y finalmente deshacemos toda una organización socioeconómica."
Para evitar este escollo, la ONG Abaquar, que propone visitas de favelas, decidió hacerlo en el marco de una cooperativa. "Los habitantes están directamente implicados, son ellos quienes toman las decisiones y que hacen todo", explica Jerôme Auriac (2), responsable de la antena parisina de la organización."Hay en ellos una verdadera voluntad de involucrarse y de desarrollar sus fuentes de ingresos."
¿Después del turismo justo, después del turismo de la pobreza, estaríamos asistiendo a la emergencia de un "turismo justo de la pobreza"?
(1) Presses universitaires de France, 2000
(2) Por otro lado cronista para Youphil











