
Enrique López tiene 23 años y es gitano. Vivió en Móstoles hasta los 14 años, cuando se trasladó al madrileño barrio de Vallecas. El pasado 18 de marzo su segunda "gitana" cumplió dos meses, pero su estreno como padre fue a los 18 años. Está unido a su compañera por la cultura gitana, aunque para la Administración Pública son sólo pareja de hecho. Trabaja como mozo de almacén y su sueño es convertirse en predicador evangelista.
Remedios Borja tiene 45 años y es gitana. Actualmente está en paro. Su marido tampoco tiene trabajo y ambos se dedican a la venta ambulante - "de ropa, plantas, fruta o lo que salga", dice ella - . Tiene dos hijos, un niño con 14 años y una niña de 10. Al contrario que la mayoría de gitanas de su generación, le gusta conducir y el fútbol, en concreto el Real Madrid. Ha trabajado de todo, pero su sueño es convertirse en jardinera.
Ambos se benefician de la labor que desempeña la Fundación Secretariado Gitano, que se dedica a facilitar la inserción laboral a colectivos desfavorecidos. Enrique y Remedios son sólo dos de las más de 44.500 personas atendidas por el Programa por el Empleo de la Población Gitana ACCEDER, que con la financiación del Fondo Social Europeo ya ha cumplido 9 años, en los que se han proporcionado más de 32.200 empleos.
Los gitanos son la mayor minoría étnica de la actual Unión Europea, con más de 10 millones de personas, más de 700.000 sólo en España, aunque la mayor parte se concentra en los países del Este de Europa. Una población que comparte valores culturales comunes, pero que a la vez es compleja y heterogénea. Una comunidad por la que, además, se siente poca simpatía. Una circunstancia que favorece la discriminación racista.
Según un informe publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en diciembre de 2007, en la pregunta 3 un 52% de la población española afirmaba tener poca o ninguna simpatía hacia los gitanos. También las preguntas 16 y 17 de este barómetro de opinión, de noviembre de 2005, reflejaban una animadversión hacia este grupo social que no ha cambiado demasiado.
Discriminación racista
"Me gustaría decir que hace 20 años que no pasa, pero he asistido a situaciones muy curiosas...". A primera vista, Enrique pasaría por payo (entre los gitanos, quien no pertenece a su etnia). Un día acudió a una entrevista de trabajo para la que se ofrecían dos empleos junto a otros dos candidatos, uno de los cuales cumplía a la perfección el estereotipo gitano. "Nada más verle, le dijeron que ya no había trabajo, pero en cuanto se marchó nos dieron los empleos a nosotros", cuenta.
En FSG tienen claro que la inserción laboral es una prioridad para promover la plena incorporación social de la comunidad gitana. Un equipo ACCEDER se compone de un coordinador; un mediador, que realiza la captación y la primera acogida; seis orientadores, a los que se asignan unos 40 usuarios a cada uno para guiarlos en su búsqueda de trabajo; y un prospector de empleo, responsable de contactar con las empresas.
La tasa de analfabetismo entre los gitanos ronda el 60%. El equipo se encarga de estudiar el perfil y los intereses del candidato, de introducirle en las nuevas tecnologías, crearle un e-mail y mover su currículo por todas las bolsas de empleo físicas y online. La FSG está implantada en 14 de las 17 regiones españolas y cuenta con 76 centros de trabajo en España y dos en el extranjero.
Enrique se siente un privilegiado. Su padre es chatarrero y ha envejecido demasiado pronto. A los 43 años ya está operado tres veces de hernia discal. Cuando Enrique comenzó a desinteresarse por los estudios, su padre se lo llevó a trabajar con él. No pasaron muchos días hasta que volvió a preocuparse por aumentar su educación. Ahora pertenece al escaso 30% que ha completado sus estudios primarios entre la población gitana española.
La educación como salida
Con 16 años, la edad a la que finaliza la educación obligatoria, llegó a la Fundación. "En seis meses me saqué el Graduado Escolar y en otros seis me formé como albañil. Todos los trabajos que he tenido me los han conseguido ellos", recuerda. Trabajó de los 17 a los 20 como peón de albañil - "he reformado medio Madrid", resalta - , pero lo dejó por un problema en los ojos y, tras otras experiencias laborales, ya lleva un año y medio en Redur.
Remedios contactó con el programa a través de la profesora de flamenco de su hija. Esta mujer ha sido vendedora ambulante, barrendera y asistenta de comedor en un centro educativo, en el que se sacó el Graduado Escolar asistiendo a clases de adultos. "A mí lo de estar vendiendo y en casa de 'maruja' no me gusta", señala. Pero con el empleo que más ha disfrutado y a lo que espera volver a dedicarse es a la jardinería.
Desde niña siempre ha tenido que nadar a contracorriente. "Al principio mis padres eran reacios a que trabajara. Y mi marido también se negaba. Ahora es él quien me dice 'gordita, te tienes que buscar algo' ", apunta divertida. Entre sus mayores orgullos está ser la primera gitana de su familia en obtener el carnet de conducir. “Mi padre no se enteró hasta que aprobé el teórico”, dice entre risas.
La etnia gitana vive en una perpetua fuga del estereotipo y los prejuicios que la persiguen. Ni Enrique ni Remedios representan a la mayoría gitana, pero tampoco son sólo raras excepciones. Sus trayectorias están salpicadas de muchas diferencias. Pero eso sí, entre las muchas similitudes que también los unen, la más importante de todas se resume en una cosa: los dos están convencidos de que los sueños se cumplen.











